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jueves, 24 de marzo de 2022

EXTRAÑO "COLLAGE"

Alguna vez le pregunté a mi ex suegra, Perla, por este cuadro de fotos que colgaba en su casa, y por qué era que me parecía raro. 

Me dijo: -Es que nunca estos familiares estuvieron juntos para una foto, yo misma la armé.

Y probablemente nunca volvió a verlos,  una vez emigrada desde Polonia a la Argentina, muy poco antes de estallar  la Segunda Guerra Mundial.  

miércoles, 22 de diciembre de 2021

TROMPE L'OEIL

 

STILL LIFE, VIOLIN AND MUSIC, WILLIAM MICHAEL HARNETT

Muy pocos cuadros cuelgan en las paredes de mi casa, y uno es éste de William Michael Harnett, de estilo trompe l'oeil. Un género de pintura que por lo general me apasiona por la genialidad con la que logra el engaño. Diversas técnicas permiten este hiperrealismo y siempre me sorprenden (principalmente, el borde o marco del objeto pintado coincide con el marco del cuadro mismo, lo que ayuda a la confusión).

OTRO CUADRO DE HARNETT

Este cuadro  me recuerda a mi abuelo materno, José Cukierman del que conservo un recuerdo muy nítido de una situación en la que por algún motivo desconocido se sintió molesto mientras tocaba el violín y, enojado, lo guardó y dijo: "No voy tocar más". 

Tocando el violín  José logró un trabajo en la orquesta de radio Belgrano y pudo mandar a buscar -después de dos años de ahorrar en Argentina-, a su familia compuesta por mi abuela, mamá y mi tío, muy poco  antes  de la invasión nazi a Polonia, donde ellos vivían. Mamá sólo tenía 15 años, cuando perdieron a casi todo el resto de la familia.

Cuando yo era pequeña, esa oración del abuelo me resultaba muy tierna y hasta el día de hoy, cuando les digo a Daniel o a Luciana que no me están escuchando, repito la frase sintetizadora: "No voy tocar más". 

Además, también conservo alguna composición para violín de su autoría que alguna vez conseguí que  grabaran en piano, para poder escucharla y, sobre todo, la imagen de mi abuela llorando, con el pañuelo apretado en la mano, siempre que nos recibía en la puerta de su casa.  

viernes, 25 de junio de 2021

EDITH BRUCK

Hoy recibí la noticia de mi amiga Deborah Taub sobre la visita que el Papa le hizo a su tía, Edith Bruck, como reconocimiento por su trayectoria como escritora e historiadora de la Shoá, de la cual es sobreviviente, al igual que su hermana, la madre de mi amiga.

Si bien no la conozco personalmente, siempre supe sobre su vida por Déborah y su entrañable vínculo con ella. Entonces quise publicar algo sobre ella, que haré a continuación:

El Papa visita a Edith Bruck, superviviente de Auschwitz 

La escritora húngara, de casi noventa años, vive en Roma desde hace mucho tiempo. L'Osservatore Romano la entrevistó el pasado mes de enero con motivo del Día de la Memoria. 
Francisco quedó impresionado por su testimonio y hoy decidió ir a conocerla a su casa en el centro de Roma. 
Por primera vez en varios meses, el Papa dejó el Vaticano este sábado por la tarde para pasear por una calle del centro de Roma y encontrarse con Edith Bruck, una escritora hebrea de origen húngaro que ha pasado dos tercios de su vida en Italia. 
Francisco había leído su entrevista en L'Osservatore Romano, en la que relataba el horror vivido por ella y su familia durante la persecución nazi, y se sintió muy conmovido. 
Pidió reunirse con ella y fue a su casa romana esta tarde para visitarla. 
"He venido aquí, a su casa, para agradecerle su testimonio y rendir homenaje al pueblo martirizado por la locura del populismo nazi", dijo el Papa tras el encuentro. 
Repito con sinceridad las palabras que pronuncié desde el fondo de mi corazón en Yad Vashem, y que repito ante cada persona que, como ella, ha sufrido tanto por ello: "Perdóname, Señor, en nombre de la humanidad". 
El encuentro contó con la presencia del director de L'Osservatore Romano, Andrea Monda, que el pasado 26 de enero había publicado una emotiva entrevista con la escritora, realizada por Francesca Romana de' Angelis. 
Edith Bruck dedicó su vida a dar testimonio de lo que vio. La última voz recogió en el campo de concentración de Bergen-Belsen fue de dos desconocidos, quienes le pidieron que lo hiciera: "Cuéntalo, no te creerán, pero si sobrevives, cuéntalo, incluso por nosotros". 
Y cumplió su promesa. Lo que llama la atención, al leer los episodios descritos en la entrevista, es la mirada de esperanza que Edith consigue transmitir. Incluso cuando relata los momentos más oscuros, el abismo de horror en el que ella, de niña, se vio sumida, perdiendo a gran parte de su familia, no deja de fijar su mirada en algo bello y bueno, en algún atisbo de humanidad que le permitió seguir viviendo y esperando. 
Así, al describir la vida en el gueto después de haber sido arrancada junto con sus padres y hermanos de la casa del pueblo rural donde vivía, cuenta que un hombre no hebreo regaló una carreta de víveres para ayudar a los perseguidos. Mientras cuenta su época de trabajo en Dachau cavando trincheras, recuerda que un soldado alemán le tiró su cazo para lavar, "pero en el fondo había dejado un poco de mermelada para mí". 
Y mientras describía su trabajo en las cocinas para los oficiales, apareció la figura de la cocinera, que le preguntó cómo se llamaba y al oír la respuesta de Edith, con voz temblorosa, le contestó: "Tengo una niña de tu edad". 
Al decir esto, "sacó un peine de su bolsillo y mirando mi cabeza con el pelo recién crecido me lo dio. Fue la sensación de encontrar un ser humano frente a mí después de tanto tiempo. Me conmovió ese gesto que era vida y esperanza". 
Unos pocos gestos bastan para salvar el mundo, concluye Edith Bruck, que hoy ha recibido en su casa al Obispo de Roma que ha venido a conocerla.

lunes, 1 de febrero de 2021

MINAVERRY


Al principio fue descubrir a este autor de historietas argentino en la revista Fierro y seguirla para coleccionar sus comics. 

Después aparecieron las novelas gráficas de Dora y fue comprarlas, pero esperando un tiempo, hasta que me decidiera a leerlas. 

Minaverry no sólo dibuja y hace guiones atractivos y sugerentes -además de bien documentados- sino que incluye mapas y todo tipo de elementos gráficos relacionados con lo urbano como con objetos cotidianos muy meticulosamente organizados en sus interiores. Y arriesga constantemente en la estructura del comic. Innova. 

¿Cómo "leo" sus novelas gráficas? 

Me gusta hacerlo lentamente, y además de seguir las historias -sobre temas relacionados con los archivos nazis y muchas de sus aberraciones, que la protagonista investiga-  y detenerme en las imágenes, como cuando como un bombón y, para que dure más,  lo mantengo derritiéndose en la boca, hasta que sólo queda el relleno. 

domingo, 9 de agosto de 2020

RECORDANDO A JANUSZ KORCZAK, POR ANTONIO POMBO SÁNCHEZ


JANUSZ KORCZAK

Último tren a Treblinka. Una biografía para Janusz Korczak from Diego Fidalgo on Vimeo.

Niños, cuando hayáis crecido, 
recién entonces comprenderéis, 
¡cuántas lágrimas yacen en las letras! 
¡cuánto llanto! 
Y cuando tengáis, niños, que soportar el exilio 
hasta llegar a la extenuación, 
probad a extraer fuerza de estas letras, 
mirando en su interior. 
Mark Markovich Warshawsky. 

Varsovia, 5 de agosto de 1942. 
Las calles de la ciudad polaca, a la sazón capital universal de la infamia, fueron ese día escenario de una extraña comitiva. No porque los desplazamientos masivos del gueto a la plaza de transbordos (Umschlagplatz), desde donde la población judía de Varsovia era enviada a los campos de la muerte, fueran por entonces algo inhabitual; muy al contrario, en el verano de 1942 se llevó a cabo, en menos de dos meses, una vasta operación cuyos diseñadores, los victimarios nazis, bautizaron como Grosse Umsiedlungsaktion (Gran acción de realojamiento). Con esa expresión, en la que confluyen el eufemismo encubridor de la barbarie y el sarcasmo de la jerga administrativa del III Reich, se nombraba la deportación masiva de la población superviviente del gueto. Su destino eran los campos de exterminio de Treblinka y Majdanek. Más de un cuarto de millón de hombres, mujeres y niños judíos fueron allí gaseados e incinerados entre los meses de julio y septiembre. La peculiaridad del grupo consistía en que lo integraban doscientos niños huérfanos que, acompañados por los responsables del orfanato, recorrían las calles varsovianas convencidos de iniciar sus vacaciones estivales en el campo. Al frente de la fatídica expedición, el doctor Janusz Korczak, responsable de la institución, llevaba en sus brazos a uno de los pequeños y mantenía la ficción vacacional, haciendo que los huérfanos entonasen canciones mientras se encaminaban a una muerte ignominiosa. No le faltaron a Korczak, médico y pedagogo, oportunidades de salvar su vida, evitando la deportación ferroviaria. Las desechó una tras otra; incluso en los momentos finales, cuando un comandante nazi le acerca para recordarle que a él no le corresponde viajar en ese transporte con los niños. Su réplica es contundente: «¡Fuera de aquí, hijo de perra, no nos moleste!… ¿Acaso no ve con qué alegría los niños judíos van al encuentro de la muerte?» 
Niños judíos hambrientos y atemorizados son los que Korczak tuvo que cuidar, asistir y proteger, desde 1940, en el gueto de Varsovia, en aquel dantesco espacio diseñado por la maquinaria represiva nazi, los nuevos ocupantes de Polonia manu militari. Korczak, que dirigía, antes de la invasión del país, el Orfanato Judío Dom Sierot, no los abandona un momento cuando son confinados en el siniestro gueto. Por cierto, aún tuvo fuerzas, ya antes del gueto, para oponerse a una práctica ignominiosa impuesta por los invasores nazis: se negó a llevar el brazalete con la estrella de David. “Mi razón no está acostumbrada a doblarse y a inclinarse, solo mis rodillas”, escribió Montaigne en sus Ensayos. 
Como médico, Korczak animaba a las personas que atendía a luchar por su vida, a no rendirse; para él la recuperación de cada enfermo era una victoria sobre Hitler. 
Consideraba la lucha por la vida como una batalla personal contra el enemigo. La vida de Janusz Korczak, nos recuerda que incluso cuando los amos de lo inhumano imponen su ley, puede resplandecer el brillo de una humanidad que resiste al mal. 
En una carta que escribió el 27 de enero de 1928 refiere que: «Lo más fácil es morir por una idea, ¡qué linda película!: él cae con el pecho agujereado por las balas, un reguero de sangre sobre la arena…y un sepulcro lleno de flores. Lo más difícil es vivir por una idea, día tras día, año tras año». ¿Cuál fue el secreto vislumbrado en el momento de la muerte? Sin duda, el del sentido de la vida como servicio al prójimo desvalido; o sea, el núcleo fundante de la conducta moral. 
En Korczak, ese impulso se dirigió, esencialmente, a los más desamparados entre los desamparados, a los huérfanos judíos. A la época del gueto remontan estas palabras: «¿Es bueno ser niño? Más o menos. No mucho. No sé, me olvidé…Pero sí sé que es peor ser un niño judío. Y aún es mucho peor ser un niño judío, pobre y huérfano.» 
En el huérfano judío, en efecto, se concentraba un cúmulo de desdichas sociales: la condición judía en un mundo fieramente antisemita; la pobreza; el desvalimiento de la niñez; la desprotección adicional de la orfandad. 
Renunciando a una próspera carrera como médico, Korczak consagró su vida al intento de reparar, o en lo posible mitigar, ese mal. Janusz Korczak fue un paradigma de la dignidad humana que vivió siempre conforme a lo que él consideró justo. Supo oponerse con decisión y coraje al cumplimiento de leyes infames en unas circunstancias en las que la moralidad humana se extinguía. Pero, ¿podría haber vivido o actuado de otra manera? Decididamente no. No podría haber vivido consigo mismo si no hubiese acompañado a los niños hasta el final. Decía Hannah Arendt que hasta en los tiempos más oscuros tenemos el derecho a esperar cierta iluminación, y dicha iluminación proviene menos de las teorías y conceptos que de la luz que algunos hombres y mujeres reflejaron en sus trabajos y sus vidas. 
En esos tiempos de oscuridad y hecatombe moral, Janusz Korczak fue un destello de luz deslumbrante que todavía permanece. 
 Antonio Pombo Sánchez 

Antonio Pombo Sánchez: Es español, residente en Santiago de Compostela. Médico pediatra, psicoterapeuta y doctor en medicina. Dicta conferencias sobre temas relativos a la infancia y el Holocausto; publica artículos para revistas profesionales. Autor del libro “La derrota de la razón. Janusz Korczak, médico, educador y mártir” Ediciones Xoroi. Barcelona 2017.

sábado, 1 de agosto de 2020

LA LIBERTAD ERA UN CASTAÑO PARA ANA FRANK

UNA DE LAS FOTOS DEL PROYECTO VENTANAS
Encontré una interesante nota titulada de ese modo (de la que transcribo sólo unos párrafos) que me hizo acordar de inmediato el primer proyecto grupal que les propuse a los alumnos: fotografiar la ventana mirando hacia afuera, desde la casa de cada uno. 
Preparé unos murales digitales con las diferentes fotos y pensé en la carga simbólica que tenían esas fotos buscando el afuera.
Recientemente y después de varios meses de confinamiento, una ex alumna, Noelia, me mandó una hermosa foto de un árbol que sacó en su curso de fotografía.
Publiqué uno de los collages con ventanas y el árbol de Noelia en nuestro blog didáctico.

La nota mencionada comienza así:
"Numerosas obras literarias presentan a los árboles como el patrimonio de la infancia y de la libertad. 
Para Ana Frank, la libertad era un árbol. 
La niña judía alemana recluida con su familia en tres habitaciones secretas de una casa de Ámsterdam podía ver un castaño centenario desde su escondite. “Miramos el cielo azul, el castaño sin hojas con sus ramas de gotitas resplandecientes, las gaviotas y demás pájaros que al volar por encima de nuestras cabezas parecían de plata. Y todo esto nos conmovió y nos sobrecogió tanto que no podíamos hablar”, escribió en su Diario el miércoles 23 de febrero de 1944. El sábado 13 de mayo de 1944 apuntó: “El castaño está en flor de arriba abajo y lleno de hojas además y está mucho más bonito que el año pasado”. 
Entre las diez y las diez y media de la mañana del 4 de agosto de aquel año, un coche se detuvo ante el número 263 de la calle Prinsengracht y detuvo a los Frank y los van Pels, la familia que se refugió con ellos. De los 10 habitantes de aquel escondite, solo Otto Frank, el padre de Anna, volvió de los campos de exterminio. Pero el castaño centenario siguió allí, hasta el año 2010, cuando una tormenta lo derribó. Los responsables de la Casa Museo Ana Frank sabían que el árbol estaba enfermo desde 2005 y habían germinado numerosas castañas que, una vez convertidas en pequeños arboles, fueron plantados en escuelas y parques de todo el mundo. 
En la plantación de uno de aquellos árboles, en 2016 en un colegio del barrio londinense de Islington, la invitada de honor fue Eva Schloss, superviviente de Auschwitz que entonces tenía 87 años y que conoció a Ana Frank de niña. Durante la ceremonia explicó que aquel viejo castaño de su amiga de infancia era un “símbolo de esperanza”, ahora multiplicado por sus numerosos descendientes." (...)

Podés leer la nota completa, por Guillermo Altares: 

jueves, 30 de octubre de 2014

SOBREVIVIR...

Hace poco leí en un trabajo de investigación realizado por Perla Sneh que poesía de papá (Moishe Koifman) llegaba al ghetto de Varsovia y era de interés. Y esos poemas sobrevivieron en el archivo Oineg Shabes.
Acabo de encontrar algunos poemas  en un trabajo denominado POETRY IN HELL  traducidos al inglés, pero lo que más me llamó la atención son los manuscritos!

Acá va uno:

Knowledge is Power
by Moishe Kaufman
You, person who creates
no battle of sweat and blood
is necessary for your lifes happiness.
Just a heart and knowledge
to enjoy your life.
Just think of it!
Knowledge is power
knowledge is power.
You, person who creates
Is any one stronger than you?
Why do you stand behind life’s door,
who has shut the door for you?
Just think of it!
Knowledge is power
knowledge is power.
You person, who creates
Is there anyone who stands guard?
Is that then the clay rider?


domingo, 17 de noviembre de 2013

ANNAH ARENDT

Finalmente vi la película de Von Trotta sobre la filósofa Annah Arendt y en particular sobre la reacción que sus artículos relatando el juicio a Eichmann provocaron en el público.

No es que su análisis sobre la conducta de muchos líderes y dirigentes judíos -cercana o emparentada al perfil de Judenrat- no tenga fundamento en los "hechos" como ella dice, pero la cuestión es que el solo acto de escribir sobre ello en un mismo texto donde describe la indiferencia del criminal nazi -ella lo menciona como mediocre, como un "don nadie", como un ejemplo de la "banalidad" del mal, etc.-, la forma vejatoria (hacia las víctimas) en que el nazi expone sus "excusas" frente a los horrendos crímenes cometidos de los que él es parte ejecutora (aunque no "haya matado personalmente" a nadie), aludiendo a la obediencia de órdenes, al sistema imperante o a la educación recibida, me produce rechazo.

Tal vez no haya sido la intención de la filósofa, pero para cualquier persona que no conoce el tema, incorporar en un mismo análisis a víctimas y victimarios sólo beneficia al negacionismo de la Shoá y no a esclarecer los motivos de la conducta humana.

El historiador Gershom Scholem indicó, algunos meses después de la publicación del libro de Arendt, que echaba de menos un juicio equilibrado. «En los campos se destruía la dignidad de las personas y, tal como dice usted misma, se las llevaba a colaborar en su propia destrucción, ayudando en la ejecución de los demás reclusos y otros actos similares. ¿Y por eso debe estar borrosa la frontera entre víctimas y verdugos? ¡Qué perversidad! Y nosotros debemos llegar y decir que los mismos judíos tuvieron su "participación" en el asesinato de judíos.»

Si alguien -por más "burocrático" que haya sido su estilo -pudo entre los otros miles de nazis- ejecutar la tarea de deportar y transportar a miles de judíos a los campos de concentración para su exterminio a diario, y en forma minuciosa, resulta muy difícil creer como Arendt, que "Eichmann no era antisemita, no pensaba en el bien y el mal".

El juicio a Eichmann fue el primero después de los de Núremberg, y se logró gracias a una acción clandestina del Mosad para raptarlo en Argentina -donde vivía con otro nombre-, recién en 1960, pues probablemente de otra manera no se hubiese logrado (miles de nazis emigraron a Sudamérica donde encontraron un paraíso legal... después de la Segunda Guerra).  Y sabemos que el juicio a Eichmann marcó un límite a la impunidad de miles de empleados y funcionarios alemanes que después de la guerra seguían tranquilamente ocupando los mismos puestos en la Administración y el gobierno.
Hizo falta un hecho espectacular, sí, impactante para que el pueblo alemán en particular y el mundo en general dejaran de enterrar los hechos de la Shoá, de los que recientemente Alemania abrió los archivos ordenadamente clasificados de las víctimas.

Si la Shoá es tan difícil de comprender y aceptar, en lugar de poner el énfasis en los también trágicos errores y miserias de las víctimas -que por ser humanos, obviamente existieron- quizás sea más útil estudiar un poco más la conducta de los miles de héroes anónimos -judíos o gentiles como Oskar Schindler, Walemberg, Maximiliano Kolbe y otros tantos- desconocidos, que sin creerse importantes, consideraron que debían hacer algo para salvar por lo menos una vida. Gente que actuó como su conciencia le dictaba, como consideró que era  correcto: de ellos deberíamos aprender algo para educar a las futuras generaciones.




sábado, 13 de julio de 2013

DADNOS

"Dadnos", el poema que más me gusta de Primo Levi, podría situarse en cualquier época -fuera de la Shoá, a la que Levi seguramente alude, como en la mayoría de sus obras-.

Dadnos
Dadnos algo que destruir:
una corona de flores, una esquina tranquila,
un correligionario, un magistrado,
una cabina telefónica,
un periodista, un renegado,
un hincha del equipo contrario.
una farola, una tapa de alcantarilla, un banco.
Dadnos algo que ensuciar:
una pared blanqueada, una lápida.
Dadnos algo que violar:
una muchacha tímida,
un macizo de flores, nosotros mismos.
No nos despreciéis, somos heraldos y profetas.
Dadnos algo que queme, ofenda, corte, destroce, apeste
y nos haga sentir que existimos.
Dadnos un bate o una pistola,
dadnos una jeringa o una Suzuki.
Compadecednos.
30 de abril de 1984

jueves, 11 de julio de 2013

ARTE DESPUÉS DE AUSCHWITZ

Muchas veces se dijo que después de Auschwitz ya no podría haber poesía.

Sin embargo, se han encontrado entre los escombros de campos de concentración y ghetos, después de la Shoá,  pinturas, poemas, escritos y todo tipo de manifestaciones realizadas por los prisioneros con cualquier elemento que tuvieran a su alcance y sin siquiera tener la intención de  crear arte, pues dudaban si  alguien encontraría esas "obras" en algún momento.

Quizá el arte sea la única forma de conjurar el mal, y no necesita -ni le alcanzaría con-  ser "lindo" para lograrlo.

Dibujo de una niña en  el gheto deTerezin



miércoles, 26 de junio de 2013

AMOS OZ




La segunda o tercera vez que escuché hablar de este escritor fue en el libro de Rosa Montero, "La ridícula idea de no volverte   a ver" cuando dice que el escritor le habló sobre la carga que los judíos tienen respecto de los muertos. Que es tan enorme -por no haber podido cerrar la historia en común con ellos- que requiere una fuerza sobrehumana.
La primera vez que oí hablar de Oz fue porque mi amiga Débora Taub, que vive en Roma y es hija y sobrina de sobrevivientes de los campos de concentración nazis, me lo recomendó, cuando estuvo en Argentina hace un año y medio. Dejé anotados en un papel varios autores que Débora me recomendaba leer, creo que eran israelíes. Y luego, por una cosa u otra, perdí de vista el papel.
Se trata de lecturas -supuse- que siempre dejo a mitad de camino por la dificultad de soportar las historias. Ya me pasó con el libro "El lector" de Schlink (cuya historia había visto en cine), con la  novela gráfica Mauss, de Art Spigelman, cuyo segundo tomo compré, pero jamás logré empezar y con muchas otras obras que a medida que avanza la historia, se pone muy difícil para mí el aguantar el dolor de un final trágico e insoportable.
El mismo final que tuvieron mis antepasados y cuyas consecuencias pude sentir en el sufrimiento de mis padres y otros parientes.
Siempre cuento una  anécdota sobre mi ex suegra. Perla tenía una serie de fotografías en un cuadro que siempre me llamaban la atención por algo raro que transmitían. Pensé que se trataría de las fallas propias de las fotos antiguas, pero un día le pregunté al respecto, y así me enteré que esas fotos en realidad formaban una especie de montaje que ella había armado (quizás por eso tenían ese aire fantasmal). "Nunca tuve a todos estos familiares juntos para posar en la foto", me dijo.
Admiré profundamente la capacidad de Perla para "armar" la historia de su familia, ya que ésta había quedado abortada por el exterminio nazi.
Mi papá, en cambio, tenía otras formas de vivir un duelo. Siempre hablaba del ídish -su idioma materno- y se enojaba con los judíos sionistas porque habían impuesto el hebreo como idioma oficial del Estado de Israel, en su creación a partir de 1948. El dolor adquiría tal vez la forma de reproche a sus "hermanos" por no haber estado presentes (durante la Shoá muchos de los jóvenes judíos y europeos, estaban en Palestina, luchando por el estado de Israel), o por no mantener la memoria (de la cultura y la vida del shtétl que transcurrió durante más de 600 años en idish, mientras que el hebreo se reservaba para lo estrictamente religioso).