Me dijo: -Es que nunca estos familiares estuvieron juntos para una foto, yo misma la armé.
Y probablemente nunca volvió a verlos, una vez emigrada desde Polonia a la Argentina, muy poco antes de estallar la Segunda Guerra Mundial.
Este diario comenzó en 1996, y fue acompañando mis libros didácticos, en un apartado desde entonces.
Me dijo: -Es que nunca estos familiares estuvieron juntos para una foto, yo misma la armé.
Y probablemente nunca volvió a verlos, una vez emigrada desde Polonia a la Argentina, muy poco antes de estallar la Segunda Guerra Mundial.
| MAZO DE CARTAS SOBRE ESCRITORES, UNA SOLA ES MUJER, AÑO 1963 |
Pero cuando éramos pequeños, nuestros juegos se limitaban mucho en comparación, y cualquier novedad llamaba mi atención.
Eso mismo pasó cuando un escritor, amigo de mi papá, trajo este mazo de cartas que reunía los datos principales y una foto de un escritor idish en cada una. Además de las cartas, venía un manualcito con las reglas del juego.
Como era muy chica para entender tanto idioma, aunque con los años algunos escritores que aparecían en las cartas los fui estudiando en el Seminario (primario y secundario de estudios judaicos) y los fui conociendo, la mayoría de ellos quedó como una incógnita para mi. Repasaba las cartas buscando sin resultado alguno que mi papá apareciera entre los escritores mencionados, pero por alguna explicación que no recuerdo, él decía que no figuraba allí.
No obstante, me gustaba tanto el objeto en sí, que siempre pensaba que tenía que atesorarlo de algún modo, que sería de gran utilidad seguramente en el futuro.
Eso no ocurrió y lo reencontré, eso sí, entre otros tesoros con los que compongo mis ambientes en miniatura, mis Arte tecno.
Ahí estaba, casi intacto, el mazo de cartas -que seguramente habría sido objeto de permutación por otra cosa más atractiva en nuestra infancia cuando hacíamos "intercambio de cosas" con mi hermano-. Pero finalmente, me aseguré de que las cartas quedaran en mi poder.
Nunca jugué con ellas, nunca llegué a leer su material cabalmente y, sin embargo, como muchos otros objetos, necesito que esté allí, que permanezca en el campo de lo tangible -tratándose de un mazo de cartas, lo es más que un libro con la misma información-, para poder volver una y otra vez a mirar esas caras en blanco y negro, esos nombres e intentar retener alguno más, por si alguna vez encuentro en librerías viejas textos traducidos de alguno. O tal vez sólo lo quiero como un viejo talismán a través del cual recuperar la infancia.
Hoy recibí la noticia de mi amiga Deborah Taub sobre la visita que el Papa le hizo a su tía, Edith Bruck, como reconocimiento por su trayectoria como escritora e historiadora de la Shoá, de la cual es sobreviviente, al igual que su hermana, la madre de mi amiga.
En la parte final de la genial serie para televisión de Netflix, Shtisel, el protagonista recuerda a Isaac Bashevis Singer cuando dice en alguno de sus cuentos: "Los muertos no van a ninguna parte, están todos acá".
Y entonces, comienzan a aparecer los familiares ya fallecidos alrededor de su mesa, unos sirviendo, otros conversando, en una hermosa escena llena del misticismo que vincula a esta serie con el extraordinario escritor "idish".
La misma lengua que los judíos ortodoxos hablan, fusionándola con el hebreo y para quienes, al igual que para Singer, parece haber ideas y sentimientos imposibles de traducir.
Después aparecieron las novelas gráficas de Dora y fue comprarlas, pero esperando un tiempo, hasta que me decidiera a leerlas.
Minaverry no sólo dibuja y hace guiones atractivos y sugerentes -además de bien documentados- sino que incluye mapas y todo tipo de elementos gráficos relacionados con lo urbano como con objetos cotidianos muy meticulosamente organizados en sus interiores. Y arriesga constantemente en la estructura del comic. Innova.
¿Cómo "leo" sus novelas gráficas?
Me gusta hacerlo lentamente, y además de seguir las historias -sobre temas relacionados con los archivos nazis y muchas de sus aberraciones, que la protagonista investiga- y detenerme en las imágenes, como cuando como un bombón y, para que dure más, lo mantengo derritiéndose en la boca, hasta que sólo queda el relleno.